Por la senda paradojal de la palabra

¿A partir de qué momento empiezan a configurarse las nociones de sentido de mundo interior y exterior en nuestra existencia?

¿Cuál es el momento en que nuestros procesos cognitivos maduran, se afiatan dejando atrás el balbuceo de sonidos repetidos para dar paso a la fecundación y germinación placentera de la palabra que una vez articulada, será la voz que nos va a ir representando el conocimiento del cosmos, hasta entrar en una correspondencia gradual y expansiva con la realidad y provocar la salida de sí mismo (a) para ir al encuentro del otro por este camino claro –oscuro de la vida?

En la dinámica del desarrollo y crecimiento de la humanidad se va entramando y configurando el lenguaje de la palabra, convenida en un contexto socio-histórico, en donde se entablarán relaciones netamente humanas y se irá gestando también el desarrollo y conocimiento de nuestro mundo interior; vale decir, la compleja facultad de concebir y engendrar ideas, razonamientos y relaciones en la conciencia de nuestro yo (núcleo central de todas las operaciones psico-físicas del sujeto). Ahora bien, el lenguaje que a nosotros nos interesa es el llamado " lenguaje natural", cuyos signos básicos son las palabras, nos dice Pedro Chávez Calderón, y la relación del lenguaje con el pensamiento implica que el significado de una palabra en la mayoría de los casos es un pensamiento, por lo que la palabra nunca significa un objeto, y en tanto haya comunicación intelectual la realidad con la que entramos en contacto son las palabras, nunca el pensamiento.

Nuestro propósito es aproximarnos al lenguaje en su carácter expresivo para develar qué es aquello que le confiere dignidad y valor a la palabra haciendo que cree vínculos auténticos entre la idea y la expresión puesto que el lenguaje es como el hilo de Ariadna que permite al filósofo proseguir su búsqueda más allá del silencio o de la muerte y cada acto que realice en este laberinto reclama la palabra. Pues bien los resultados de la filosofía son el descubrimiento de alguno que otro simple sin sentido y cuando la palabra no es expresión fiel del pensamiento, da lugar a un doble discurso, que a nuestro juicio el filósofo debe cautelar, porque ¿Cuál es la virtud de un filósofo? Kant (1788) sentenció que es la coherencia y a ella puede agregársele la autenticidad, rasgo, que en la historia de la filosofía occidental se ha perdido, si consideramos a Nietzsche como al filósofo de la vitalidad, su vida estuvo llena de amargura, si recordamos A Séneca, el estoico, inmerso en grandes pasiones se suicidó. Por su parte Rousseau, un gran filántropo, abandonó a sus hijos en un orfanato.

Con lo anterior nos podemos dar cuenta que entre lo que se defiende y lo que se hace se abre una gran distancia: Si hacemos el símil entre pensamiento y palabra también es posible descubrir entre ellos un abismo de incoherencia, por ello, este trabajo abordará algunos ejemplos presentes en el campo religioso y emotivo, en la actividad política-histórica, lo sociocultural y el discurso publicitario.

Respecto al primer estadio la mayor fecundidad de la palabra inspirada, la detectamos en el pensamiento judeocristiano que sostienen las creencias humano-occidentales, en el principio remoto del relato bíblico.

En la Teoría del Creacionismo, la palabra creó al universo: "Era Dios y el Verbo era Dios" " Hágase la luz y la luz se hizo". Estas son Señales del vínculo legítimo entre palabra y acción, necesidades y manifestaciones no sólo las primitivas sino que actuales, y que constituyen la expresión de trascendencia del hombre así como su curiosidad por explicarse el origen de la vida.

Vemos, entonces al Pensamiento y la Palabra vocativa fundidos en la esperanza y la fe ante la deprotección de la humanidad, y en particular al ser humano en su precaria condición, expuesto tanto a las enfermedades como a la lucha feroz por la sobrevivencia, hasta el choque final de la guerra.

El hombre y la mujer en su evolución fueron y son víctimas de los maleficios que cruzan su historia entera, pero allí o acá irrumpe la palabra consoladora, expresada en las más diversas alegorías y mitos que consuelan la aflicción de la humanidad por el dolor y/o la muerte y además le auguran la inmortalidad, esa que con tanta ingenuidad fue perdida en el paraíso, según el creacionismo.

La palabra del Génesis bíblico se interpreta entonces como una energía que está contenida en la dinámica de todas las cosas, por ello para la creación la palabra nunca ha dejado de existir, nunca muere ni disminuye.

No obstante, Francois Mauriac nos representa la interesante paradoja de la devoción del Rosario, en la religión católica, pues mientras recitamos el Ave María estamos meditando sobre los misterios de la vida de Cristo, estamos pensando en una situación pero la oración representa a otra. ¿ Quién responde por dicha disociación? Por cierto que no es la lógica.

De igual modo es interesante detenerse en la repetición incesante de una misma fórmula y el exceso de palabras en el Rosario mariano que contradice las propias enseñanzas de Jesús sobre la oración, al dar instrucciones expresas a sus discípulos de cómo dirigirse a su Padre (oración del Padre Nuestro).

Por otro lado ¿satisface a nuestro intelecto la opulencia de las instituciones religiosas con el mandato verbal de desprendimiento material ordenado por Jesucristo a sus seguidores?

Una vez más hagamos presente el gran atractivo de nuestra disciplina que está en el interrogar más que en el responder...

Por su parte, la tradición nos enseña que la palabra representa la verdad; los ejemplos abundan en aforismos como: "háblame para que yo te conozca" de Séneca; "una palabra es suficiente para hacer o deshacer la fortuna del hombre afirmó Sófocles; "quién pudiendo decir algo en diez palabras usa veinte, es capaz de cualquier otra mala acción", dice Aldo Cammarota"; el mejor medio de cumplir la palabra dada, es no darla jamás"; reza un anónimo"; "una palabra mal colocada, estropea el más bello pensamiento", dijo Voltaire; por su parte, Anthony Weston, afirmó que "no es malo tener opiniones firmes, lo malo es no tenerlas"; Ernest Hemingway no se quedó atrás cuando dijo "se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar", sin mencionar los incontables refranes populares y las máximas de sabiduría sagrada, podemos preguntarnos sobre ellos que aún siendo vehículo de sapiencia, ¿es posible que sacados de su contexto original, puedan esconder otros mensajes e interpretaciones?. Sin duda, la hermenéutica puede auxiliarnos

La historiografía, por su lado es más una fuente rica en leyendas, tradiciones, puntos de vista y/o intereses de quienes la escriben que hechos verídicos.

Si partimos de nuestra historia continental observamos como año tras año el 12 de octubre conmemoramos el "descubrimiento de América" y no en un sentido de hallazgo, precisamente, sino de la invasión de una cultura distinta.

¿Lo que significó para los invasores e invadidos lo conocemos de verdad?...la verdad es que no lo sabemos pues la hispanización y la resistencia se conoce de manera sesgada, Tomás Moulian, nos aporta mucho al respecto.

A nosotros nos quedan como pinceladas de nuestra historia sólo algunos baluartes de lo vernáculo como son, las fortalezas Macchu Picchu, las Pirámides de Teotiguacán o el Camino del Inca.

Por lo anterior resulta más coherente y antiparadojal hablar de choque y encuentro de dos cultura, que de descubrimiento. Según expresiones de Silvio Rodríguez hablar de encuentro resulta más neutral, y nosotros agregaríamos más auténtico puesto que la connotación de la palabra invasión connota la miseria y mezquindad humana.

Nuestra historia nacional también exhibe contrasentidos y distancia entre lo acaecido y lo contado.

Pensemos un momento en lo que fue la gesta naval de Iquique, conocida bajo el supuesto triunfo "moral" de Arturo Prat, ¿Cuál fue la realidad? ¿Quedaría mejor recordarla como una sangrienta derrota? Seguramente si lo decimos de este modo afectaríamos la conocida susceptibilidad del alma nacional. Pero entonces ¿no queda más opción que seguir escuchando anualmente la arenga patriótica de algún funcionario militar designado para tal ocasión?. Pareciera no ser tan así puesto que nuestra disciplina nos llama a corregir, mediante la reflexión y la investigación los entuertos de la historia a lo menos frente a nuestros estudiantes.

Otro ejemplo ineludible fue el discurso sistemático del régimen militar en aras de la manipulación y control de la conciencia nacional. Pues ¿Qué significaron expresiones como "vende-patria, humanoides, señores políticos? ¿Quiénes fueron clasificados como "terroristas?" ¿ Tienen el mismo sentido estas palabras en el Chile actual?.

Es indudable que lo que cuenta en definitiva, son los pensamientos que le dan forma y sentido al mundo, pero de la historia se espera algo más que una construcción lingüística ¿O no?

En el mismo ámbito político actual, no dejan de impresionarnos los argumentos sinuosos que justifican las decisiones políticas; pensemos por ejemplo en la propaganda de la Reforma Educacional, que resaltó el mejoramiento de la educación, la equidad y la calidad, que sin duda contiene, pero ninguna fue explícita en revelar que la reestructuración educacional era la consigna para que Chile se colgara de la postmodernidad, y que para tal efecto, la macroeconomía del libre mercado le exigió distintos cambios, entre los que se cuenta el educacional, pero a falta de no sabemos qué terminan por importarla.

También sacude nuestra conciencia cuando los sectores oficialistas o de oposición, en la contienda diaria o electoral hacen manipulación de los votantes con la consabida disociación entre pensamiento y palabra. A modo de ejemplo citemos al candidato X que sale del más profundo anonimato, esgrimiendo pancartas de éxito antes de una elección, con el propósito de convencer a una masa electoral acrítica que aprueba el discurso de los cambios coyunturales de la economía y el mercado que erradicarán per secula los problemas sociales que afligen a los más necesitados. Dicho discurso además lo respalda el argumento infalible de la estadística. Cuántas expectativas se cifran en torno a quienes escuchan lo que les agrada oír mas no lo que en realidad debiera ocurrir. La duda es ¿ Quién es responsable del populismo, el que lo proclama o el que lo demanda?.

En el ámbito social abordaremos el fenómeno del humor, que sin restarle el valor de esparcimiento para el espíritu, recrea la realidad y brinda la oportunidad de decir lo que por otra vía suele ser indecible, sin embargo¿ lo empaña el doble estándar?

Convengamos en que todas las personas han tenido la prueba de una alegría comunicativa cuyas manifestaciones lo llevan a la risa aún cuando la inclinación de sus ideas no era alegre. Recordemos la hilaridad con que un niño cualquiera nos lista una serie de conceptos castellanos - extraídos de la Web- y supuestamente traducidos al lenguaje nipón como: piloto cuya traducción es polpoco me mato; clínica que se dice aki te matan y otorrinolaringólogo como: yositesako mokito. La lista es interminable.

Pero sí se puede apreciar un doble discurso que está en el supuesto erróneo de aceptar dichas expresiones como palabras japonesas, cuando corresponden a neologismos de construcción.

En lo que conocemos como humor de farándula ¿quién contiene la carcajada cuando el humorista de turno realiza largas rutinas, con historias de familias que nos resultan muy cercanas? ¿Mas quién advierte en tal discurso el trasfondo descalificador que va en contra de la mujer en su rol de esposa, suegra o amante y qué decir sobre el humor machista o feminista, la diversidad sexual, la degradación de la genitalidad, los deslices maritales, la tercera edad, la niñez, las instituciones, en fin, ningún individuo o sector social escapa al doble discurso del humor.

¿Qué podemos demostrar con lo anterior?, ¿Disociación entre el contenido del discurso y la expresión? ¿Manipulación hacia un público que sólo se deja llevar por la necesidad de esparcimiento?.

Al respecto, el filósofo Manuel Zevallos Vera en el diario "El Peruano" nos dice que "un rasgo común entre el erudito y el culto es el sentido del humor, que no está reñido con los buenos modales y el respeto de las personas. El sentido del humor, es parte de la cultura del hombre, que es muy diferente a la grosería o al chiste de mal gusto e impertinente. El sentido del humor vincula y ejerce una emoción entre espíritus eruditos, cultos y sabios"

Quizá los relatos siguientes se aproximen a esta concepción del humor.

Una familia inglesa veraneaba por Escocia, mientras lo hacían se encontraron con una bella finca cuyo propietario era un pastor anglicano con el que pronto llegaron al acuerdo de arrendar dicho lugar en las próximas vacaciones.

Dado el carácter flemático de los ingleses, no repararon en un importante detalle y era que la finca carecía de servicios higiénicos, por lo que de regreso a Londres, la señora le envía una nota al propietario preguntando dónde estaba el baño; éste responde de manera muy detallada que dicho servicio se encontraba a 12 km. De distancia de su propiedad, lo cual le significaba molestias pero también varias ventajas debido a que era tal el número de visitantes que lo demandaba, que se convirtió en un hospicio en el que compartía hasta el papel higiénico, pero lo más ventajoso y atractivo que presentaba dicho lugar eran las poses y actitudes de los visitantes que eran captadas por hábiles reporteros y fotógrafos de las páginas sociales de los periódicos del lugar, razón por la cual él y su familia hacía ya diez años que no lo frecuentaban.

Resulta interesante la nota humorística del relato, permitiéndonos reflexionar acerca de la ambigüedad del interlocutor en el discurso ¿ Querrá resaltar que la falta de observación de los detalles puede llevarnos a situaciones absurdas?...¿qué otras lecturas se pueden derivar?. En lo que respecta al trabajo podemos afirmar nuevamente la presencia disociadora entre idea y vehículo de expresión.

Siguiendo por la senda paradojal y sinuosa de la palabra, Edison Otero, nos representa otro elemento interesante de analizar como son las consecuencias a que nos puede arrastrar la falta de objetividad en el empleo del discurso. Para ello nos narra la historia "La Paradoja de Abilene" que relata la visita de un matrimonio a la casa de los suegros; el panorama de fin de semana se reduce a un juego de dominó y a unas refrescantes limonadas, de pronto, el suegro propone ir a Abilene, un pueblo distante a 50 millas, que tiene un restaurante, pero ello implica cruzar un desierto con 50 grados de calor. La familia manifiesta su acuerdo y realizan el viaje bajo el abrazante sol y el polvo que cala todos los poros; una vez en el pueblo deciden comer unas hamburguesas que les saben muy mal, junto a unas gaseosas tibias que no calman la sed ni despejan la garganta. Silenciosos y deprimidos hacen el viaje de retorno, y una vez en casa comienzan a culparse de la mala idea que los llevó a realizar un viaje de pesadumbres,

sin sentido de placer. En la discusión, el suegro asume que los invitó creyendo que no estaban a gusto en casa y que su intención fue complacerlos; así uno a uno reconoce no haber estado de acuerdo con la idea pero que la aceptó pensando que sería un agrado para los otros.

¿Cuál es la insinuación humorística de esta historia? Edison Otero nos señala la presencia de la insensatez de cuatro adultos que se ponen de acuerdo en hacer algo que ninguno desea. A juicio nuestro el divorcio entre pensamiento y palabra se produce por el compromiso emocional que impulsa a actuar sobre meros prejuicios.

Al igual que el relato de los ingleses que ven el conjunto, descuidando los detalles, éstos actúan como un todo armónico que también descuida un detalle muy importante: el supuesto.

En ambos casos aparece la falta de juicio crítico, interferida esta vez por la emoción que hace actuar y razonar a las personas de manera poco sensata, distorsionando la comunicación y las relaciones humanas, por ello se hace un imperativo ante cualquier determinación o situación relevante plantearse preguntas e interrogantes que nos distancien y nos hagan ver con mediana objetividad no sólo los grandes hechos y aconteceres de la vida, sino también los más simples que resultan ser los más complejos y en este sentido la disciplina filosófica será siempre aliada, puesto que la pregunta es la que ayuda a distanciarnos de las situaciones para beneficio de nuestros actos, juicios y razonamientos de manera que esta característica no le esté reservada sólo a las ciencias, como se suele entender de manera ligera.

Dicho supuesto, desde mi perspectiva, es uno de los factores que ha dañado la imagen y dignidad de la Filosofía, la que el vulgo suele entender como charlatanería, y que ya desde el argumento socrático, fue defendida, frente al sofisma.

Aproximándonos a otro espacio de la cultura observamos cómo el fenómeno de la economía y/o la ley del mínimo esfuerzo ha reducido el lenguaje natural y discursivo, por el neologismo popular como las jergas juveniles y el hampa, el lenguaje técnico de las ciencias, por señalar a los más conocidos. Como consecuencia de este reduccionismo asistimos a una comunicación distante y limitada, y lo que es peor, reñida con el conocimiento discursivo o reflexivo que imposibilita distinguir la idea de la expresión.

El último contenido al que nos abocaremos es al del lenguaje visual, sea el publicitario o el texto audiovisual.

Nadie se atrevería a discutir la belleza de las imágenes publicitarias ni la actividad del diseñador, que por lo demás provocan el placer de lo intercambiable entre las culturas. Representémonos a esos tiernos osos polares que toman una gaseosa en el Polo Norte; o a esos sacrificados entrevistadores que atraviesan el mundo para demostrarnos la calidad de un detergente, en fin cada uno tiene miles de imágenes que han sido archivadas, para establecer una especie de diálogo internacional. No olvidemos nuestra comunión con la globalización, que implica la dominación de los mercados capitalistas sin embargo, ¿de qué dominación nos hablan sin cada uno con entera libertad puede navegar por el mundo, sin mediar la necesidad de levantarnos del escritorio y son tantas las propuestas del mercado que nuestra libertad pareciera no dar a vasto para elegir y adquirir esto o aquello?. Además podemos compartir con el mundo entero nuestra identidad cultural que puede resultar exótica y atractiva para fomentar el turismo, y de hecho así se da. No obstante, nuestro lenguaje natural se ha visto alterado y corre peligro de extinción, si no enfrentamos el poder mundial de los medios de comunicación de masa, que nos priva y coarta la posibilidad de aproximarnos a nuestros propios sistemas valóricos y culturales. ¿Acaso no advertimos la invasión, esta vez, pacífica del mercado mercantil?, que controlas nuestras actividades y nuestras vidas para difundir no sólo productos sino lo que es peor, sus ideologías que nos despojan del preciado bien de la autonomía, la comunicación simbólica y auténticamente humana que no es otra que la del pensamiento, pero para ello debemos recuperar la palabra, conformar comunidades de pensamiento, como este seminario, porque urge tomarnos la palabra para aproximarnos a nuestra humanidad, ya que no podemos olvidar que la esencia de la imagen es la falsedad misma, nuestra tarea de educadores de filosofía es ir el desenmascarando tanto la palabra sinuosa, como sospechar al menos de cualquier imagen dada la ficción o falsedad que encierra su contenido; pero por sobre todo, de la imagen virtual que nos viene quitando el espacio para el diálogo y la confrontación que ciertamente marca y acentúa nuestra diferencias, pero que simultáneamente nos aproxima en nuestra calidad de seres pensantes llamados a depurarnos y ponernos de acuerdo por y mediante el lenguaje natural.

Finalmente no pasaremos por alto el efecto reconfortante que tiene la palabra en lo cotidiano, tanto es así que bastan dos palabras para volvernos "el alma al cuerpo" cuando andamos extraviados, en la ciudad o en la montaña y alguien sin doblez nos indica la dirección de la calle o el curso del río. Allí sí encontramos concordancia entre pensamiento y palabra; ¡eh allí! Vínculo y amor entre palabra y realidad.

Tampoco puede quedar ausente el efecto terapéutico que tiene la palabra en las terapias que restablecen la salud previenen la enfermedad o promueven la vida armónica y equilibrada. Es a través del lenguaje y muy especialmente de la palabra que influye directamente en nuestro yo interno, pudiendo modificar nuestra existencia real.

¿Qué tarea nos queda pendiente entonces?