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SEMINARIO PARA PROFESORES DE FILOSOFÍA.

"ACERCA DEL DECIR Y DE

PONENCIA PARA EL TEMA:

 

 

"LA FILOSOFIA Y SU QUEHACER SOCIAL"

 

MARIO FUENTES BIZAMA

PROFESOR DE FILOSOFIA.

Email: mafubi@mi.terra.cl

 

 

 

 

 

 

ACERCA DE LA INDIFERENCIA.

Aun hay fuerza y por consiguiente esperanza donde se ven arranques violentos, pero cuando se apaga todo movimiento, cuando no hay pulso, cuando el frió ha llegado al corazón ¿Qué esperar entonces, sino una próxima e inevitable disolución?

(Lamennais)

 

Cuando encontramos que la filosofía ha abdicado su espíritu de creación y se ha hecho esclava de los hechos, cuando la política solo responde al poder establecido, la moral es la del esclavo que solo responde y acepta esta condición, cuando el arte es el culto a la mediocridad, cuando todo es duda y el sofisma la respuesta, cuando existe una profunda separación entre las conductas y las palabras, el pensamiento y la acción se contradicen y se enfrentan, en este caos la indiferencia se torna el centro del pensamiento, se alimenta de abstracciones que quieren justificar lo que no tiene justificación, es en este caos donde la indiferencia organiza la tranquilidad frente a la injusticia y el atropello.

Por esto, para Francisco Bilbao la indiferencia en todo, y en mayor medida en lo social, es la negación misma del Ser. Para él todo aquel que ha asumido la indiferencia, que ha llegado a ambicionar la nada y que se encamina a la muerte, física e intelectual, como única esperanza, si logra superar este estado, superando la indiferencia, necesariamente se estrellará con la existencia viva, con el Ser, que se encontraba oculto para él.

La indiferencia nace cuando no hay creencias, cuando nada nos atrae y nada nos llama a asumir la defensa de lo que, alguna vez, encontramos justo y bueno. Existen distintos modos de indiferencia: se puede ser indiferente por convicción; o ser indiferente por pereza.

El indiferente por convicción posee una idea, la que lo aísla de la realidad, que lo separa de los demás, que lo impulsa a no tomar ningún compromiso, que no se compromete con nadie y con nada, una idea que paraliza su hacer, que no le permite actuar, más si éste se opone o niega su ideal.

Para el indiferente por convicción esa idea es la mejor, luego él ha preferido esa idea a otras, él ha escogido, ha elegido, entonces él ya no es realmente indiferente, ya ha dejado de serlo. Parece indiscutible, que en este caso de indiferencia, no se acepta otra idea que no sea aquella que lo ha llevado a preferir, y en la mayoría de los casos, aparentar una indiferencia, para no encontrarse con los demás, o porque la corriente social lo lleva a esto y prefiere no oponerse a ella. Por ello es muy importante determinar que lo motiva, y que es lo que ha preferido para ser indiferente.

Bilbao se pregunta ¿Qué puede motivar esta preferencia? Y afirma que las causas pueden ser dos, la aplicación de la idea de bondad o de superioridad.

Una bondad, pero falsa, a los otros se les acepta cualquier doctrina, así sea falsa o verdadera, niegue o acepte lo aceptado o negado por el indiferente, se es bondadoso con los otros, aceptándoles todo no discutiéndoles nada, pero sin comprometerse, solo comprometido con su indiferencia.

Superioridad, sentirse superior a todos y a todo, todo lo que poseen los demás es inferior a lo que yo poseo, y con mayor razón mi pensamiento, es mejor ser indiferente a estar comprometido con algo, mi idea de indiferencia, por la que yo he optado, me permite más libertad me hace más libre, el autor se pregunta ¿Hay superioridad en someterse a todo régimen, en doblar la cerviz, abdicar el derecho...?

El indiferente por pereza, confesar esta indiferencia es confesar una falta, la de no participar por flojera por comodidad y cansancio ¿De qué? La de no querer participar por falta de deseos incluido el de pensar y asumir una opción, esto solo es mala fe, ante esta indiferencia lo único que queda por hacer es tratar de sacarlo de su error, lo que es más fácil que con el indiferente por convicción.

La indiferencia es una máscara del egoísmo que utiliza para ocultarse y no aparecer como tal.

Esto lo afirma Bilbao, porque para él egoísmo es la negación de la individualidad y de la libertad propia de todo el ser humano por lo que debe ser erradicado del pensamiento. Y nos los demuestra de la siguiente manera: "Descartes nos dice "Pienso, luego existo". Siguiese como consecuencia necesaria de esta filosofía que, todo acto, pensamiento o creencia que no parta de este principio es falso". Par él su método es el mismo pero se ve diferente a Descartes "Yo no veo la personalidad aislada pensando en sí misma afirmándose y no reconociendo otra verdad que el pensamiento que converge así propio". Está de acuerdo, entonces con la primera parte de la afirmación de Descartes pero le agrega "Pienso, luego somos", somos yo y los otros, el yo que vive y razona en relación con los demás y que le permite pensar en si, con esto no está negando la razón individual, si no que ve su debilidad, y con ello probar la fuerza de la razón general. Y el yo en relación con el absoluto "en aquello que es fundamental a toda inteligencia". Descartes al decir Soy afirma al Ser, pero no vio sino al sujeto, olvidando al Ser, en quien el ser finito se afirma.

Para Bilbao el ser humano es individuo, una individualidad, esta "individualidad posee como derecho fundamental y primario la Libertad, la ley que regula y hace efectivo este derecho es la Igualdad y el vinculo moral de eta individualidades libres e iguales es la fraternidad... Si solo existe la libertad y no la igualdad esta se convierte en un privilegio y si existe la igualdad sin libertad esto es la nivelación de los esclavos. "La libertad es la fuerza, es el elemento fundamental e indiscutible de la asociación. La libertad es el derecho individual. La libertad como fuerza necesita dirección, es decir, que tiene una ley de su acción o movimiento". La ley o determinación de esta fuerza es la igualdad la que puede formularse de la siguiente manera "SER LIBRE EN TODO HOMBRE. Yo soy el hombre, todos los hombres. Mi libertad es la de todos. Si ser libre es mi derecho, ser libre en todos, es lo que llamo mi deber"Entendido así el ser social, la libertad, la igualdad y la fraternidad es imposible aceptar el egoísmo y menos aun la indiferencia.

Muchas veces la indiferencia nos lleva a no querer oponernos a la fatalidad y al crimen triunfante, en estas circunstancias nos abandonamos solo al sentir y la sensación se convierte en nuestra única creencia. "La sensación es lo más individual (entendido como la individualidad egoísta) y transitorio, lo más particular... La sensación sin la inteligencia, sin la razón es el abandonarse a la animalidad, y por lo tanto a la fatalidad de las cosas inanimadas, dejarse llevar por el engaño, los sentidos solos, sin la razón que es la que los educa, muchas veces nos engañan, los sentidos no entregan fundamentos de razón, solo sensaciones. Para Bilbao "la razón es la visión de lo que es necesario, la concepción de las ideas necesarias". El abandono a las sensaciones es una consecuencia, la última de todo sistema de indiferencia.

Cuando la indiferencia es producto del miedo, de la cobardía, siempre tratamos de justificarnos, y los argumentos que nos damos que son los que nos permiten vivir en la indiferencia, por el hecho de justificar toda nuestra existencia, se convierten en una doctrina que traspasa todo nuestro pensamiento, pero tenemos que entender que no son nada más que un no querer reconocer el miedo o la cobardía para no luchar contra lo que nos oprime y nos impulsa a no participar.

Además tenemos que pensar que si no actuamos por miedo, esto lo ocasiona otro o algo que nos atemoriza, y en este caso ocurre que "se que soy yo y no otro, por la conciencia de mi propia voluntad. Si otra voluntad operase en mi, no seria yo, sino instrumento de otro, sería cosa de otro, que es lo que se llama esclavitud".

Es por ello que no debemos darle autoridad a la indolencia ni justificar el cansancio, porque en algún momento de nuestra vida nos hemos decepcionado de lo que hacemos o de lo que queríamos hacer, esa misma decepción, si verdaderamente la sentimos, nos debe hacer pensar, que si la sentimos, es porque todavía nos queda algo en que creer, que aun creemos en nosotros mismos, que todavía creemos en el futuro y que algo podemos hacer por él.

Para terminar, tenemos que pensar que un ser vacío de todo deseo, de todo objetivo, que no tenga nada de nada que aportar, en una palabra un ser miserable, no puede sentir el dolor que siente un ser que ve que su indiferencia permite que otros hagan con todos lo que ellos quieren sin oposición.

APENDICE I.

ACERCA DE LA INDIFERENCIA.

(Francisco Bilbao.)

(Extraído de Francisco Bilbao: "Lamennais como representante del Dualismo de la Civilización Moderna" Imprenta de D`Oubussan y Kugelman, París 1856.)

"Es claro que no puede haber indiferencia, si no es en ausencia de creencia.

Uno puede ser indiferente por convicción o por pereza.

Al indiferente de convicción preguntaría ¿Cuál es la idea que lo aisla, que lo separa de los deberes y que mata su acción? Sí se profesa la indiferencia por convicción, es porque se cree que esa idea es la mejor, luego al ser indiferente, ha habido preferencia, porque se ha elegido. Ahora ¿qué es lo que puede motivar esa preferencia dada a la indiferencia? Sí se cree mejor la indiferencia ha habido aplicación de la idea de superioridad o de bondad. Y yo pregunto ¿es preferible la doctrina que todo lo acepta o lo niega, sea el bien, sea el mal, lo justo, lo injusto, lo bello y lo feo? ¿Hay superioridad en someterse a todo régimen, en doblar la cerviz, abdicar el derecho, sea a un papa a un emperador, o a un bandido?

Ser indiferente por fuerza, es confesar una falta. Nada tenemos que decir al indiferente de mala fe.

Pero la indiferencia es una máscara su verdadero nombre es egoísmo.

Dudando o abatiendo el espíritu, no queriendo luchar contra la fatalidad o el crimen triunfante, nos abandonamos al sentir, y sólo creemos en la sensación. Esta es la última consecuencia de todo sistema de indiferencia. La cobardía para luchar, viene enseguida a dar el aspecto de doctrina, a lo que en el fondo no es sino una abdicación.

No demos autoridad a la indolencia, ni pretendamos justificar el cansancio, a las decepciones de algunos momentos de la vida. Ese dolor interno, ese abismo de todo amor que llevamos en nosotros y que no llena ninguna cosa mortal, es revelación de la grandeza del destino del hombre que aspira a colmarse de lo divino. El inmenso dolor es incompatible con un ser miserable".

 

Mario Fuentes Bizama

Profesor de Filosofía