DECLARACIÓN PÚBLICA

Wilfredo Quezada. Profesor de Filosofía. Universidad de Santiago de Chile

El sentido transversal de la enseñanza de los contenidos y el consiguiente propósito de insertar reflexiva y críticamente, a través de esta enseñanza, al alumno en una sociedad compleja y globalizada es un elemento fundamental del espíritu de la nueva Reforma Educacional que se encuentra actualmente en marcha en nuestro país. En este contexto, la enseñanza de la Filosofía en la Enseñanza Media parecía estar llamada a jugar un rol crucial, como la misma fundamentación del Programa de la asignatura formulado por el Ministerio de Educación hacía claro indicando que la Filosofía "contribuye ... a desarrollar una comprensión rigurosa del ser humano", "desarrolla [en los estudiantes] una mirada reflexiva e integradora sobre sí mismos y el conjunto de su experiencia intelectual y personal", y finalmente "contribuye a la formación de una actitud reflexiva y crítica, tanto respecto de las propias creencias como de las creencias de los demás ... [y] hace un aporte al desarrollo de una capacidad de juzgar en forma independiente".

Por otro lado, la aplicación de la mencionada Reforma ha traído consigo, como era de esperarse, cambios importantes en cada disciplina del curriculum de la Enseñanza Media. De este modo, en el caso de la asignatura de Filosofía, la expectativa razonable era, dadas las afirmaciones anteriores, que los cambios enfatizarían y profundizarían su rol integrador y reflexivo. La modificación del Programa, aunque con una orientación psico-social no necesariamente compartida por todos los educadores en Filosofía, parecía apuntar en esa dirección. Sin embargo, de acuerdo a la distribución horaria del nuevo Plan de estudios implementada este año y la información fehaciente que ha trascendido los últimos días, la comunidad docente nacional se ha enterado que la mencionada Reforma ha reducido la jornada de Filosofía de tres horas, como ha sido la norma hasta ahora, a dos horas en tercer año medio y contempla hacer lo mismo el próximo año en cuarto año medio. Igualmente serio, es que esta medida particular haya sido decidida sin un previo anuncio y fundamentación ante los diversos centros académicos superiores formadores de docentes en Filosofía, las autoridades regionales o nacionales del Colegio de Profesores o directamente ante el conjunto de los docentes impartiendo la asignatura en los liceos y colegios del país.

Mas allá del grave e insoslayable menoscabo de las posibilidades laborales que esta medida acarreará tanto a los actuales como a los futuros docentes en Filosofía, quisiéramos llamar la atención, como académicos sensibilizados por la difusión de la Filosofía en nuestra juventud, sobre su profunda incoherencia e inconsecuencia con los pretendidos objetivos de naturaleza filosófica que parecen, de acuerdo a lo citado más arriba, animar a la mencionada Reforma. Mientras los objetivos detrás de esta ultima sugieren una visión universalista y pluralista del hombre y su entorno, las medidas concretas a través de las cuales se articula llevan a concluir, al menos en lo que respecta al fomento de las humanidades, que su espíritu es uno bastante distinto, sino opuesto, donde el reductivismo, el instrumentalismo y la irreflexividad terminan siendo el eje central. Las consecuencias de esta visión reductivista quedan ahora a la vista en la nueva orientación del Programa de Filosofía, y la visión instrumentalista e irreflexiva queda plasmada en la medida de reducir injustificada y oportunistamente las horas de docencia de esta asignatura. De esta manera, el propósito de inserción crítica y reflexiva del alumno en un entorno complejo y globalizado y el resultado integrador que este proceso conlleva y que la Filosofía estaba aparentemente llamada a servir en la Enseñanza Media se vuelven, dada la mencionada reducción de horas de clases, simplemente objetivos pedagógicamente inalcanzables e irrealistas. Por otro lado, la medida viene a afectar seriamente la valoración social del ejercicio de la enseñanza de la Filosofía en el país y con ello inflinge un daño particular a los centros de Enseñanza Superior que actualmente forman profesores de Enseñanza media en Filosofía. Este anuncio no puede sino ser leído por quienes están comprometidos en ese proceso, tanto académicos como alumnos, como un mensaje de distanciamiento del Estado hacia su deber de colaborar activamente en la formación humanista de nuestra juventud. Por último, tal medida tendrá un impacto general indudable en el ya menoscabado desarrollo y valoración de las humanidades en el país, el que, aparentemente, las actuales autoridades educacionales y culturales del país han mostrado su voluntad de revertir. Lo que vuelve a enfatizar la profundidad de la incoherencia señalada más arriba.

Es por estas razones que los abajo firmantes, quienes nos hemos dedicado directa e indirectamente a la docencia y la promoción de la Filosofía en diferentes instituciones de educación superior en Chile, deseamos expresar nuestra inquietud y genuina preocupación ante estas medidas que a nuestro entender lesionarán severa e irremediablemente la enseñanza y la difusión de aquellos valores y objetivos filosóficos que la Reforma Educacional en marcha pretende, al menos en las palabras, promover.